Según antiguas leyendas celtas, Tirnanog - La tierra de la eterna juventud,

es una isla mágica donde se puede ser feliz por siempre.


Creando Tirnanog es nuestro intento, casi como un susurro, de contar la vida de artesano.
De puntitas de pie, y sin pedir permiso, inventamos nuestro Tirnanog con lo que hacemos.




Un cuento...


Existe un cuento, de entre todos los cuentos que cuentan los abuelos, que dicen que quien lo cuenta puede entrar al reino de las hadas. 
En el momento mismo en que se pronuncian las mágicas palabras “y colorín colorado…” una puerta se dibuja en la pared de la habitación del niño o la niña que escucha el cuento. Es una puerta de madera pesada, como las de antes, y tiene un picaporte de hierro negro en forma de estrella que, con sólo rozarlo, comienza a girar solo. 
Y la puerta hace un chirrido que aturde los oídos. 
Y se abre.
 
Dicen que lo que está del otro lado no se podría explicar ni en millones de cuentos. 
Que el pasto crece en todos los sentidos y existen paredes de un verde limón bien fresco. 
Y el techo se cubre de enredaderas de las que cuelgan las más variadas y extrañas flores: rosas azules con pintitas rojas, margaritas verdes y anaranjadas, jazmines rosados que, mientras invaden de perfume, tararean una canción tan bonita que nunca puedes olvidarla. 
Y en estos cuentos se cuenta que quien descubre ese mágico lugar, puede ser feliz por siempre. Incluso luego de volver a su habitación. 

Y hasta cuando se convierte en adulto no deja de dibujársele la más bonita de las sonrisas en sus mejillas siempre coloradas.
Y se dice también que las hadas nunca lo abandonan, y andan por la vida regalándole pequeños obsequios: abrazos de la persona que quieren, sonrisas a los más tristes, sueños fantásticos a quienes no puede ni dormir. Hasta es fácil distinguir quién ha pisado la tierra de las hadas, porque dicen que se les nota en la cara. 

Y, cuando se van a dormir, les cuentan cuentos a sus hijos y sus nietos y sus sobrinos. 
Y al escuchar ese cuento, ellos también pueden ingresar a ese reino, tan sólo cerrando los ojitos y escuchando las mágicas palabras: 
“y colorín colorado, este cuento se ha terminado”.